Formación de la crianza de Peleco

En esta colaboración de Arturo Montory, el autor nos conduce a través de la formación de la crianza de uno de los planteles más exitosos de la historia mallequina: Peleco.

Para conocer la historia acerca de la formación de Peleco, hay que distinguir dos etapas: la del principio, conducida por Emilio Lafontaine, y la del éxito deportivo, a manos de Rubén Valdebenito.

Etapa de Emilio Lafontaine

En 1955, Emilio Lafontaine compra el Milcao al Criadero Lanalhue, un overo hijo de Ajiotista en la Pangora por Ajedrez-Alfil II, propio hermano del famoso barroso Ensarte, el que hacía collera con su padre. Ese plantel, propiedad de Gastón Etchepare, asistió al rodeo con exposición de la Quinta Normal de Agricultura entre 1945 y 1950, siendo sus caballos ampliamente conocidos y admirados por la afición de la época.

El Milcao llegó de dos años a Peleco y Emilio Lafontaine lo arregló y trabajó, saliendo un excepcional potro de vacas, pero los ímpetus de la juventud y la abundancia de novillos hicieron que lo corriera en exceso en el campo y el potro se fundió, por lo que su campaña fue breve. Debido a sus antecedentes y calidad, el famosísimo criadero Las Camelias, propiedad de la Comunidad Darío Pavez, compró el Milcao para reproducirlo.

En ese mismo plantel, Emilio Lafontaine adquirió la yegua Incrédula en 1961, madre de Casillera en Guardián I, que en el Criadero Mocopulli dio al Atento en Inocente, padre del Contulmo.

Las Camelias Pataguina (Inscripción N° 16.775), nacida en enero de 1948, hija de Contagio por Cosaco-Alfil II, y de Zandunguera, hija de Quebrado y Arozamena por Cosaco, o sea, propia hermana del Refuerzo; por lo tanto, Pataguina es de la mejor sangre del más grande criadero de la época, muy buena de vacas por lo demás: su padre Contagio era el reproductor más apreciado del plantel de los Pavez, junto con el Quebrado.

Así comenzó Peleco.

Entre 1960 y 1963, Emilio Lafontaine compró el potro más llamativo de ese tiempo, Guardián I, por Rigor en la Gloriada-Flotador, que a los cinco años de edad destacó en el Movimiento a la Rienda del Champion de Chile de Los Ángeles. Además, ganó el connotado rodeo de Maipú, el más grande de su tiempo, para finalmente ser retirado de la competencia por José Manuel “Coteco” Aguirre debido a una lesión en la espalda, comprándolo Emilio Lafontaine para Peleco.

En Peleco, Guardián I dio a Mocosita en Pataguina (Inscripción N° 41.742), nacida en diciembre de 1963, una negra de linda estampa y de gran sello racial; arreglada y corrida por Emilio Lafontaine, fue muy buena de vacas.

Por aquellos tiempos deslumbraba por la zona de Valdivia el potro Roncador, gran vaquero y de una excepcional morfología y sello racial. Este era hijo de Andrajo y de la famosa Ronquera del Criadero Curiche, hija de Alcatraz, antecedentes que tuvo el propietario de Peleco y que lo motivaron a ir a ver el caballo, el cual compró de inmediato al precio más alto del año pagado por un ejemplar de raza chilena, pago que involucró al Guardián I como parte de este. Años después, José Manuel “Coteco” Aguirre le compró el Roncador para el Criadero Santa Isabel, cuando estaba asentado en Coipué.

En Peleco, el Roncador con la Mocosita dieron a la Ronda, (Inscripción N° 50.670), nacida en marzo de 1969, la cual resultó una extraordinaria reproductora: dio a Arrepentido (Reproducido en Maicoya y El Nevado), Bella, Contesta, Fiesta, Maruja, Sedal (Reproducido en Los Tacos de Rumai), y Tanga.

Gran admirador de los “quillacones” de Santiago “Chanca” Urrutia, le compró de potrillo el Quillacón IV, exportado a Uruguay, y a Cristian Letelier de San Carlos le compró la linda Raptorcita, criada en Los Tilos, pequeña pero extraordinaria de corrales, hija de Quillacón II y Raptora por Longaviano, madre del Quillacón de Peleco.

Otra adquisición muy valiosa fue el Picaporte, hijo de Picurrio por Quebrado y Contri por su línea materna, que dejó una valiosa familia destacada actualmente con gran fuerza.

De la línea de la Pataguina, destaca la Maruja (Inscripción N° 58.058), nacida en octubre de 1973, hija de Inocente de sangre Enchufe-Cristal, potro negro brillante, excepcional de corrales, grande en cualquier época, en ese tiempo propiedad de Renato Luengo. Maruja resultó una de las mejores madres de la raza, base de Peleco, dando a Maiga, Malú, Matorral, Medio a Medio, Molejón, Morcacho, Moza, Muñeco y Refrán, todos caballos ampliamente conocidos por la afición.

Morcacho (Inscripción N° 71.122), nacido en septiembre de 1978, fue un potro negro, grande, de enorme sello racial, premiado en exposiciones, muy bueno de vacas y extraordinario reproductor, base de los actuales productos de Peleco.

Etapa de Rubén Valdebenito

Fallecido Emilio Lafontaine y no teniendo descendientes, el criadero se puso a la venta, adquiriéndolo Rubén Valdebenito, quien compró todos los caballos y recogió otros, además adquirió la marca, comenzando una etapa gloriosa de Peleco ya de lleno en la competencia corralera.

Ahí llegó Maruja, Morcacho, Quillacón y varias yeguas más del Roncador y del Picaporte.

En relación al criadero Paicaví de Hernán Anguita, el “maestro” de Rubén Valdebenito, el nuevo propietario de Peleco le compró el Requinto, hijo de Arauco por Inocente en la Sorocha, hija de Troncal por Picaporte y Rastra por Quillacon II y Bufita.

Años antes había comprado la Presurosa al plantel de Hernán Anguita, una hija del Roncador y la Rastra, gran madre que le dio entre otros a Pícaro, Pituca en Picaporte, inscritos por su criadero Pupetra de ese entonces, pero luego incorporados a Peleco.

Entre otras yeguas de Paicaví, también incorporó a la Rudera por Picaporte y Rastra, mulata extraordinaria de vacas que dio a Rudera, hija de Taconeo, linda negra campeona de exposiciones.

Ronaldo (Inscripción N° 163.577), nacido en el 2000, hijo de Requinto y Raptora, esta última hija de Quillacón y Picardía por Picaporte y Mocosita, una yegua coipa excepcional de vacas que se lesionó de nueva y es base actual del criadero.

Morcacho II (Inscripción N° 174.210), nacido en 2003, potro negro precioso y de gran sello racial, corrido con Mariscal (Inscripción N° 179.828), nacido en 2004, hijo de Morcacho y Rosquera, tempranamente fallecido.

Peleco se formó con los mejores caballos de su tiempo en madres y padres; Emilio Lafontaine nunca escatimó en los precios para comprar sus caballos, quería lo mejor y lo pagaba a costa de muchos sacrificios y de ello resulta hoy el brillante resultado que el criadero goza a nivel competitivo, garantizando además a Peleco como proveedor de caballos de excepción en cuanto a genealogía y funcionalidad.

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