Medialuna tipo

La medialuna es una infraestructura deportiva en la cual se practica el rodeo chileno, cuya construcción se ciñe a normas estrictamente reglamentarias.

La medialuna es una circunferencia de 45 metros de diámetro, la que debe orientarse de oriente a poniente para que el sol se ponga detrás de la Caseta del Jurado, de modo que no perjudique la jura de la final de cada rodeo. En su costado poniente se ubica el apiñadero, lugar de 13 metros de ancho donde se inicia la carrera; en sus costados norte y sur se encuentran las atajadas, de 12 metros de largo cada una. La distancia entre cada atajada es de 68 metros, la que es recorrida tres veces por cada collera para enquinchar el novillo. 10 metros antes de cada atajada existe una señal demarcada de 10 centímetros de ancho, denominada línea de postura, tramo en que se exige que el caballo vaya totalmente apegado al novillo con uno de sus pechos en contacto sobre este, sin que tranquee. Cumpliéndose estos tres requisitos, y siempre que la enquinchada sea válida (Que la detención sea definida, nítida y que el novillo no se caiga antes de ser enquinchado), la atajada será computada.

A continuación, encontrarás algunas de las condiciones esenciales con que debe contar toda medialuna, según lo ha definido y destacado la Comisión Técnica de la Federación del Rodeo Chileno:

  1. Apiñadero: aparte de que debe tener una altura de 1,80 metros para evitar que el novillo salte por sobre las tablas, debe ser recto desde el suelo hasta su parte superior, largo y no curvo. Si está dispuesto en forma semicircular, el novillo al ser arreado, se entablará y no correrá; en cambio, si percibe espacio, galopará suelto sin intentar detenerse o devolverse.
  2. Puertas del apiñadero: deben ser acolchadas, de una anchura de 5,50 metros medida en su parte inferior. Esto permite que el novillo salga libre medio a medio por la puerta, evitando que el caballo que vaya a la mano se golpee con el poste que sostiene la puerta, disminuyendo el riesgo de accidentes por estrechez.
  3. Piso: no existe una regla determinada en cuanto a drenaje porque depende del lugar y de la zona, ya que hay tierras que evacúan naturalmente el agua y otras que las retienen. Para estas últimas, el ideal es instalar un sistema artificial para su escurrimiento. Es recomendable que sobre la superficie compactada vaya una capa de arena de 4 a 5 centímetros que permita que la cancha no quede excesivamente pesada y que quede rápida, de manera que los caballos entierren la mitad de la uña en la arena. En contrapartida, una pista pesada los agota, haciéndolos proclive a la ocurrencia de accidentes. Debe estar siempre húmeda, nunca barrosa. Atendiendo a lo mismo, es muy importante que exista una buena nivelación de la cancha, tanto así que resulta indispensable que entre serie y serie se pase una rastra que la empareje.
  4. Inclinación de las atajadas: por ningún motivo las maderas en el largo de las atajadas pueden ser verticales al suelo; deben tener una inclinación diagonal desde abajo hacia arriba, cuyo ancho en el piso sea de 0,55 centímetros. La guata de los sacos tiene que ceñirse a la misma línea y con similar pendiente, literalmente como una pera, con el objetivo de que el novillo no se estrelle, sino que al ser enquinchado, se levante. La altura de las atajadas también es fundamental, pues no deben ser ni tan altas ni tan bajas: la medida recomendada es de 0,95 centímetros desde el piso hasta la parte más alta.